La mejor manera de
conservar frescos los alimentos es bajarles la temperatura para reducir las bacterias que los descomponen. Si bien, los
refrigeradores son los equipos encargados de esto, en realidad su funcionamiento se basa en
transferir el calor del interior al exterior, por medio de un complejo sistema que usa un compresor y
gas refrigerante.
Los
compresores
son diseñados para emplearse en
ciclos de refrigeración por compresión de vapor, pueden ser de aplicación alta, media o baja, de acuerdo con la
gama de temperaturas y la presión requerida por el aparato.
En realidad, el compresor puede considerarse como el
corazón del refrigerador, debido a que succiona el gas de la sección de baja presión y lo manda al condensador y a una serie de tuberías, mediante un motor. El mecanismo para succionar y
comprimir el gas refrigerante, se compone de un pistón que se acciona en conjunto con unas válvulas. Cuando se abren las válvulas de succión, el pistón desciende y viceversa, para enviar el gas refrigerante al condensador. Así se cumple un ciclo que reduce la temperatura al interior de la caja refrigerante, conservando los alimentos en buen estado, durante más tiempo de lo que normalmente lo harían.